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Memoria de la Pintura Dominicana: Continuidad de los Lenguajes 1980-1990

Por Danilo De los Santos.

Un surrealista confeso, joven, en posesión de peculiares y prontas definiciones de estilo es DUSTIN MUÑOZ, nacido en Loma da Cabrera, Da jabón, en 1972. Obtiene en sus años de formación en la ENBA un total de ocho distinciones consecutivas como estudiante meritorio. En este centro hizo post-grado en dibujo, matriculándose además en la Universidad Autónoma de Santo Domingo, en donde estudia Filosofía, sometiendo, para obtener licenciatura, el proyecto de tesis <<Lo bello y lo bueno en las artes plásticas de la República Dominicana>>.

El inquieto momento de su reposo, 40x65 pulgs, acrílica sobre tela, Dustin Muñoz, 2000
El inquieto momento de su reposo, 40×65 pulgs, acrílica sobre tela, Dustin Muñoz, 2000

Dustin Muñoz manifiesta desde pequeño una fuerte vocación pictórica. El manifiesta esos primeros llamados del arte cuando tenía sólo 6 años. A esta edad marcaba con garabatos y rayones las paredes de su hogar, perseguido por la madre, que borraba esas señales con carbón. Después un viajante, como le llamaban las personas que van a esas comunidades a vender sus productos, le comentó a su mamá que lo que él hacía era bueno, y en lo adelante (…)dejó de borrar esos trazos (…) y empezó a respetar al artista que nacía en su prole. Recuerda que al pasar los años se hizo  famoso entre los amigos hasta el punto de que era dibujante predilecto de sus compañeros de estudios, quienes con frecuencia le solicitaban que pintara sus mapas y en Navidad tenía que dibujarles algún Santa Claus. Entonces cursaba la secundaria, recordando que un buen día llegó a Loma de Cabrera un estudiante de la Escuela Nacional de Bellas Arte, el cual dibujó el rostro de una anciana que vivía frente a su casa, lo que lo marcó determinadamente y por lo que de inmediato empezó a dibujar rostros como el de su mamá. En esa búsqueda incesante por obtener elementos con los cuales dar color a falta de lápices se trasladaba a un río donde encontraba piedrecitas de colores que botaba tinta, con las cuales hizo sus primeros dibujos. Ingresa a Bellas Artes en 1989, allí toma clases y finaliza su ciclo básico común en 1993. Simultáneamente estudia Filosofía. El comenta que eligió esta otra materia formativa, porque en ella vio la forma de conocer la relación sujeto y objeto y hacer de su pintura una problemática filosófica al elegir el tema. Además él asume una filosofía cuando se envuelve en el trabajo creativo. El confiesa seguir la lógica de los sueños,  que es cuando eligen cosas y van dejando de ser lo que son, sin que se pierda la unidad de un tema, como en el mito griego, por ejemplo. Su obra la inscribe dentro de la corriente surrealista y la define también como una neofiguracion, que es una forma de figurar elementos con su luz y sombra, pero que no se puede saber la totalidad que es.

La puerta de los inconformes I, 70x70 pulg, Dustin Muñoz 1998. Obra ganadora XXI Bienal Nacional de Artes Visuales
La puerta de los inconformes II, 70×70 pulg, Dustin Muñoz 1998. Obra ganadora XXI Bienal Nacional de Artes Visuales

Era Dustin un estudiante de término de la ENBA cuando celebra la primera muestra personal apoyada por sus profesores, <<Homenaje al dibujo, título de la exposición, fue, precisamente celebrada en la Escuela Nacional (1995), siendo presentada por su directora Marianela Jiménez, quien reconoce que es la primera vez que se presenta una muestra exclusiva de nuestra mención.(…), el dibujo, el cual debemos reivindicar.

Después de su presentación, el joven artista participa en eventos colectivos, volviendo a exponer individualmente en 1996. Intitulada << De Natura>>, Alana Lockward asume el pintor y sus discurso a partir de la imagen: <<El Masacre se viste de fiesta>>.

La referida crítica de arte escribe sobre las relaciones de Dustin con su medio pueblerino, <<Con las piedras pigmentadas del ría masacre>>, con sus aspiraciones infantiles que provocan su intensa <<Conexión con la gráfica>>, haciendo que el dibujo se convirtiera en su más buscada aventura. Establecidas esas ataduras, Alana Lockward reconoce: Nos encontramos ante una obra joven que nos refresca por su acucioso academicismo y por el uso de una pigmentación monocromática que invita a recordar la memoria húmeda de la tierra. En su búsqueda por trasportar su precoz y laureada pasión por el dibujo  hacia la tela, nos entrega unas composiciones de donde las sombras y tonalidades del ocre se confabulan para matizar una neofiguración que el mismo define como <<metafísica>>. Se entretejen en sus lienzos una sustancial cantidad de objetos de uso y desecho cotidiano que no acaban por comprometerse con las necesidades figurativas de la simple representación. Un cuento sin historia que camina arrastrando las redes de la imaginación pictórica, barroca y sensual. / Dustin Muñoz refleja su juventud seria y esforzada con un trabajo exuberante, no por <<clasicista>> menos investigativo. Brillan por su ausencia las pretensiones expresionistas o de contemporaneidad que le otorgarían quizás más credibilidad en el circuito local de las artes visuales. Sin embargo, este joven artista tiene un compromiso con su obra que no es coyuntural ni arquetípico  y, además, un gran talento para realizarlo. Por eso yo también estoy de fiesta.

En reposo, 16x12 pulgs, Dustin Muñoz, 2001
En reposo, 16×12 pulgs, Dustin Muñoz, 2001

Un par de exposiciones realiza Muñoz con el colega Manuel Toribio <<Fructus divini arboris>> (1996) y <<Tu es Petrus…>>, en las cuales el temario religioso es común a los dos, quienes, sin embargo, se individualizan, confirmando seriedad profesional y convicciones ya firmes, escribe  De Tolentino, la cual, al enfocar al primero, escribe: Dustin Muñoz, para quienes prefieren en el arte joven un eslabonamiento más que una ruptura, constituyó desde sus inicios un revelación. Un labrado de la pasta casi clásico, instrumentaba una superficie impecable, dentro de un cromatismo limitado, con una dominante ocre, pluritonal y cálida de cierta austeridad (…) /El se ha preocupado por completar y enriquecer constantemente su mundo, situado entre lo real y surreal, ofreciendo una gran variación de las formas interiores, que cubre la tela…y sugieren su prolongación,, hacia fronteras desconocidas más allá del cuadro, Una transición espontánea para naturalmente, en un mismo cuadro o en obras distintas de alusiones ignotas y geometrías suaves a signos figurativos cotidianos, como las espigas, los panes, los peces, que leemos con dejo de misticismo. Dustin Muñoz, vocación artística que aflora en la década de 1990, es portador de un discurso neosurrealista confeso y sustentado, en primer lugar, en datos internalizados como vivencia biográfica y, en segundo lugar, como referencias culturales preferenciadas, Tales sustentaciones las testimonian palabras suyas justificadoras.

Rompecabezas de objetos taínos, 56x30 pulgs, acrílica sobre collage-tela, Dustin Muñoz, 2002
Rompecabezas de objetos taínos, 56×30 pulgs, acrílica sobre collage-tela, Dustin Muñoz, 2002

A propósito del temario religioso que se apoya en la relectura bíblica, él expresa una realidad simbolizada que toma un carácter surrealista, Tal realidad responde, de acuerdo a su creencia, a la educación recibida. Yo fui educado en la fe cristiana católica por mis padres y creo que eso influye en mí para los temas elegidos. En otra declaración más generalizadora y secular, señala: Me dejo influenciar por mí mismo a la hora de pintar; ya que me gustan las cosas antiguas; añoraba visitar un cuarto que tenía mi padre y observaba todas las cosas viejas que estaban guardadas; incluso esos detalles marcaron mi estilo de pintar. Tales afirmaciones resultan claves tanto para apreciar esas acumulaciones de finen muchos de sus textos y tomo cromático predominante de los ocres apuntalando lo añejo de forma deslumbrante y al mismo tiempo misteriosa. Las obras de este apacible pintor de redimensiones reales fluctúan entre la remembranza y lo imaginable tratado con los ojos despiertos y logran con sus discurso un clima similar al de algunos narradores latinoamericanos: Juan Rulfo en <<Pedro Páramo>> y Carlos Fuentes en su <<Aura>>, en donde lo enrarecido, espectral  y la sobrenaturaleza fluyen a través de celajes, voces y murmullos. Atmósfera e imágenes conjugan en Muñoz una poética de sueños, de retrospecciones e ilusionismos en la cual domina lo serenamente absurdo, que no llega al extremo fantástico, más bien se relaciona con un realismo cargado de nostalgias arqueológicas, domésticas y simbólicas, que trasborda como en la adquimia en poder de fuerzas mágicas, insólitas, trasmutantes.

La obra discursiva de Dustin Muñoz con mucho olor a tierra árida que retoña sus metáforas, responde a una personalidad acuciosa, ecuánime, espiritualizada y reflexiva. En este sentido su estilo laborioso y perfeccionista exaltando en el pincel el hilo para hilvanar el telar del yute que tanto le recuerda la faena agrícola paterna allá en Loma de Cabrera, en donde comenzó a descubrir que la belleza no se razone, se siente, e igualmente que en el arte no importa entender sino sentir.

Situándose en un entorno paisajístico de la misma manera que Bidó, Blanco  Toribio, empero su conexión alguna exceptuando el aludir nativo; y al mismo tiempo marcando ese paisaje con señales de los misterios abiertamente ritualizados como en Mendoza, Terreiro e inclusive en Dustin Muñoz, aparece en la década de 1990 el singular Leo Núñez, un joven artista que sobrepasa la simple promesa vocacional, una que en si corto ejercicio encuentra y ofrece las definiciones de un estilo personal o particularizado, entroncado a lo real, a lo mágico, al misticismo y a la densidad barroca.

Por Danilo De los Santos
Memoria de la Pintura Dominicana: Continuidad de los Lenguajes 1980-1990, volumen 8
Colección centenario Grupo León Jiménez,
Centro Cultural Eduardo León Jiménes, Centro León, del Grupo León Jiménes, impresión Vistacolor, Santiago de los Caballeros, RD, año 2007, págs. 303-308

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