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Familia Vicenciana: del corazón de la Trinidad al corazón de los pobres

Por: Padre Vinícius Augusto Teixeira, CM.

Muchos ya tuvieron ocasión de apreciar este bellísimo lienzo que representa la Familia Vicenciana. Se trata de una obra del artista Dustin Muñoz (1972), de la República Dominicana, concebida en 2002, a pedido de los Padres de la Congregación de la Misión de Puerto Rico. De forma admirable, el autor supo tocar y traer a la luz las fibras más íntimas del carisma vicenciano.

En el centro del lienzo, se puede contemplar la Santísima Trinidad, fuente originadora de todo don precioso y de toda dadiva perfecta (cf. Stg 1,17). En su entrañable amor por el mundo, el Padre envió a su Hijo, que se entregó por nosotros en el misterio de la cruz y resurrección, dándonos la más estupenda prueba de amor (cf. Jn 3,16). Para que este amor sin igual jamás se enfriara en nuestros corazones, el Padre y el Hijo nos mandan el Espíritu Santo (cf. Jn 14,16), que rejuvenece la capacidad de amar que nos fue dada y nos impulsa a manifestarla en palabras y obras, como hizo Jesús. San Vicente tradujo así el dinamismo de esa pedagogía trinitaria: “Sólo nuestro Señor ha podido dejarse arrastrar por el amor a las criaturas hasta dejar el trono de su Padre para venir a tomar un cuerpo sujeto a las debilidades. ¿Y para qué? Para establecer entre nosotros, por su ejemplo y su palabra, la caridad con el prójimo. Este amor fue el que lo crucificó y el que hizo esta obra admirable de nuestra redención”. Y saca las consecuencias: “Hermanos míos, si tuviéramos un poco de ese amor, ¿nos quedaríamos con los brazos cruzados? ¿Dejaríamos morir a todos esos que podríamos asistir? No, la caridad no puede permanecer ociosa, sino que nos mueve a la salvación y al consuelo de los demás” (ES XI-B, 555 | SV XII, 265).

En la Trinidad Santa, se encuentra el principio dinamizador de la caridad misionera que distingue la Familia Vicenciana. Vicente de Paúl, Luisa de Marillac, Catalina Labouré, Federico Ozanam y todos los testigos que nos inspiran en la búsqueda de la santidad fueron llamados por el Padre a seguir a Jesucristo, dejándose iluminar por el Espíritu. Y lo hicieron, a partir de una profunda experiencia de fe, contemplando a Cristo como evangelizador de los pobres, discerniendo la voluntad del Padre Providente e impelidos por el Espíritu Santo en la dirección de los más necesitados. Así, sus vidas de servicio generoso y gratuito se hicieron fulgurante transparencia del amor trinitario, reflejo inconfundible de la ternura y de la misericordia de Dios, luz y calor a disipar y calentar la oscuridad y la frialdad de los corazones y de la historia. Con la luz que recibieron, iluminaron; con la gracia que les fecundó, pudieron también fecundar; consolados y revigorizados por el Señor, se dispusieron a consolar y revigorizar los aflictos (cf. 1Cor 1,4). Vivieron ejemplarmente lo que comunicaran y, por ello, dejaran huellas que el tiempo no consiguió apagar. El lienzo representa a los fundadores haciendo lo que enseñaron: evangelizando, sirviendo, transmitiendo, abriendo nuevas rutas, inmersos en el misterio, sin dejar de tener los pies bien anclados en el suelo de la vida.

El pasado se mezcla con el presente, revelando perfecta unidad entre el ayer de nuestros orígenes, el hoy de nuestras iniciativas y el mañana de nuestras esperanzas. Volviendo al lienzo, vemos allí la humilde casa donde nació San Vicente, la pequeña iglesia de Folleville, la cautivante figura de Margarita Naseau y, alrededor de todo eso, miembros de la Familia Vicenciana actualizando las obras suscitadas por la caridad y la misión, acciones emblemáticas del carisma recibido y asumido: Palabra anunciada, Eucaristía celebrada, hambrientos saciados, caídos levantados, débiles fortalecidos, dignidad promovida, frutos compartidos. Y todo eso, porque, como dice el Papa Francisco, “la caridad no se contenta con buenas costumbres del pasado, sino que sabe transformar el presente y abrir caminos de esperanza” (Mensaje a la Familia Vicenciana, de 27 de septiembre de 2017).

Hace varios años, conocí el mural (autoría de Dustin Muñoz) que retrata la Familia Vicenciana. ¡Una verdadera obra prima! Muy difundida entre nosotros por todo el mundo.

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