Palabras de Dustin Muñoz en develamiento retrato de Rosa Duarte y emisión del sello postal

El 26 de enero de 1983, cuando contaba yo con apenas 10 años de edad, mi profesora Ángela Andújar, de sexto curso, me encomendó realizar -de memoria- las palabras de apertura en el acto conmemorativo del natalicio de Juan Pablo Duarte. El evento tendría lugar en el salón principal de la Escuela Rafael Díaz Niese, de mi pueblo natal, Loma de Cabrera, y se trataba de una actividad abierta  a la que asistirían las autoridades del municipio. Por tanto, la encomienda de la profesora se produjo unos días antes, para que pudiera yo preparar bien mis palabras.

Esa solicitud de mi profesora me puso en contacto de forma especial con el Padre de la Patria y con su familia. Mi presentación fue una especie de biografía del Patricio en la que mencioné a sus padres, a sus hermanos y a sus hermanas. Y, aún recuerdo que, en dicha intervención, me referí a Rosa Duarte de forma muy especial. Desde entonces mi admiración hacia la familia Duarte está acompañada siempre por la más alta consideración y por el más elevado sentido del respeto.

Por esa razón, cuando recibí la llamada de Luis Martín Gómez, en diciembre del 2019, motivándome a realizar una obra de Rosa Duarte para la conmemoración del bicentenario de su natalicio, acepté de forma entusiasta. En ese momento creíamos que existía, por lo menos, una fotografía de Rosa Duarte. Lo que me daba cierta tranquilidad, porque ya lo demás era crear una composición interesante a partir de dicha fotografía. Obviamente conocía algunas pinturas y dibujos sobre ella, pero como artista prefiero siempre partir de la fuente originaria.

De manera que desde principio de año venía trabajando en la obra.  Los primeros meses fueron de investigación, procurando conseguir tal fotografía, que no fue posible, porque no existe tal documento. Ese factor, por un lado, la pandemia por el otro, y fundamentalmente mi consideración y respeto por la retratada, impidieron que la obra estuviera lista para el 28 de junio, como era mi deseo. Pero lo cierto es que una obra de arte está terminada, justamente cuando ella misma dice que está terminada.

Reconozco que la vida de Rosa Duarte presenta muchos elementos interesantes para una obra de carácter alegórico, en la que su figura podría ser representada en diferentes etapas de su existencia, tanto en el país como en el exilio; sin embargo, he optado por representarla en esta obra con la edad que ella tenía al momento de la independencia: poco menos de 24 años.

Se trata de una obra simbólica, ambientada con elementos de diferentes épocas que les permiten a los espectadores identificar de forma inmediata que están delante del retrato de una figura de la historia Patria. La obra presenta elementos que aluden los símbolos patrios y escenarios de la independencia, así como objetos vinculados a los aportes específicos de Rosa Duarte: apuntes y borradores manuscritos, un tintero y una pluma.

Debo decir que al no existir una fotografía de Rosa Duarte tuve que recurrir entonces a las características somáticas de algunos de sus familiares de los cuales sí existen fotografías. Y esto ha sido fundamental en esta ocasión para la formulación anatómica de una Rosa Duarte que se perciba como pariente de los Duarte. En ese sentido, tomé como referentes válidos las fotografías de sus hermanos: Juan Pablo —aunque de edad avanzada—, Vicente Celestino y Manuel —jóvenes—. Además resultó también de mucha utilidad, para analizar algunos rasgos femeninos de la familia, la fotografía de Matilde Duarte —sobrina nieta del Padre de la Patria y de Rosa Duarte—, de quien existe una fotografía a una edad  aproximada a la que tiene Rosa Duarte en esta obra. Es esta realidad la que me conduce a dar prioridad también al aspecto alegórico y a completar la composición con elementos simbólicos.

En este caso opté por contextualizar a Rosa en el ambiente independentista, de la noche del 27 de febrero que da origen a la Patria: una mezcla de suceso y reminiscencia, de acto y consecuencias de lo acontecido aquella noche. Rosa participó en la fabricación de balas y cartuchos que se utilizaron el 27 de febrero. Tal suceso de febrero tiene dos momentos estelares: el acaecido en la Puerta de la Misericordia, con el trabucazo, y el sucedido en la Puerta del Conde, con el izado de la Bandera. Por esa razón preferí colocar la edificación de la Puerta de la Misericordia en el fondo de la obra de Rosa Duarte, por su vínculo con la fabricación de balas y cartuchos; y reservar el Baluarte del Conde para futuras obras alegóricas sobre otras valientes mujeres de febrero (como María Trinidad Sánchez, María de la Concepción Bona y María de Jesús Pina) que tuvieron incidencia en las luchas de independencia con vinculaciones  directas a la confección de la primera bandera.Aunque, obviamente, como símbolo patriono podía faltar la enseña tricoloren una obra de Rosa Duarte.

Motivado por sus aportes a la gesta heroica y a la historia, decidí ambientar el espacio pictórico de la obra con elementos que forman parte del escudo nacional. Por eso se observa en el fondo de la composición la rama de palma, el laurel, las cuatro banderas sin escudo y las dos lanzas. Además, en el atuendo lleva Rosa la cruz del escudo y sobre las piernas reposa la enseña tricolor que acoge una biblia abierta, conteniendo dentro de ella los Borradores originales, y sobre la misma los Apuntes manuscritos y algunas cartas.

Desde mi punto de vista, estaría incompleta toda obra sobre Rosa Duarte que no evoque sus Apuntes y Borradores, catalogados por Rodríguez Demorizi como el Nuevo Testamento de nuestra historia, por la importancia que revisten para conocer la vida de Juan Pablo Duarte y las interioridades de la independencia.

Aunque Rosa tuvo participación diversa en los hechos separatistas: en la Trinitaria, en la Filantrópica y en las obras teatrales para generar conciencia sobre las ideas independentistas, no es menos cierto que sus aportes a la historia son invaluables y descansan en tales Apuntes y Borradores de su puño y letra. En ese orden, en esta obra no podía faltar la representación de dicha documentación, que es, además, un legado inconmensurable para la comprensión de la historia nacional, expuesto en sus Apuntes para la historia de la Isla de Santo Domingo y para la biografía del general dominicano Juan Pablo Duarte, llamados también: Apuntes de Rosa Duarte.

Para mí en lo personal, realizar esta obra es volver a la historia jugando ahora un rol de responsabilidad ciudadana. Es valorar en su justa dimensión nuestros héroes y heroínas, identificar sus aportes, su entrega abnegada y sus sacrificios. Realizar esta obra no significa pintar a una mujer y ya, es estudiarla, analizar su entorno, ponerme en su lugar y tratar de comprender los sentimientos del personaje y su estado psicológico. Por eso, como recurso compositivo he procurado que la retratada interpele al espectador con su mirada penetrante y que al mismo tiempo deje sentir su estado anímico.

Indudablemente su rostro es el centro de interés de la composición. Y he procurado transmitir la psicología del personaje, un personaje que vivió desde su juventud una vida cargada de angustias y amarguras: el destierro de Juan Pablo y de Vicente, la muerte de su padre en 1843, la salud de Manuel, el exilio junto a su madre, la temprana desaparición de sus hermanas pequeñas, los infortunios de Sandalia y la trágica muerte de su prometido, Tomás de la Concha, fusilado en 1855, condicionan su personalidad. Y hacer sensible lo antes dicho, además de mucha observación,  lleva tiempo, pero he ahí la obra.

La pieza que hoy se exhibe en este Museo tiene un formato de  44 x 33 pulgadas (115 x 84 centímetros). El formato elegido me ha permitido realizar la figura en el tamaño natural, lo que le confiere a la obra y a la imagen plasmada un toque adicional de realismo. He optado, de igual modo, por un tratamiento técnico de gran aceptación en la población dominicana, para generar así cercanía con el personaje y con sus aportes.

Por la sobriedad de este lugar, —donde Juan Pablo Duarte es la figura central—, elegí unas gamas de suaves matices que, aunque se trata de una obra pluritonal y de un colorido diverso, están armonizadas con capas de veladuras de tendencia sepia. Esto, por un lado, le otorga tiempo a la obra, le da distancia temporal; y, por otro lado, complementa con el carácter psicológico que envuelve a la figura representada.

Obviamente, con este acto la obra alcanza su mayoría de edad. Y soy consciente de que a partir de hoy ella debe ganar su propio espacio. Sin embargo, yo espero que esta obra de Rosa Duarte contribuya con el conocimiento y la difusión de sus invaluables aportes; que quien la observe reconozca que tenemos una deuda infinita con la familia de Duarte, y que Rosa, pudiendo optar por una vida más acomodada, prefirió el sacrificio y el destierro —por esa razón presento en la obra la delicadeza de su postura y la calidad de su indumentaria—.

Finalmente, quiero expresar mi agradecimiento a Luis Martín Gómez por la confianza depositada con este encargo; al Instituto Duartiano por darle a la obra esta cálida acogida; y, al Instituto Postal Dominicano por ponerla a recorrer el mundo, con un sello postal, como justo reconocimiento a una mujer ejemplar.

Este acto de hoy me llenadel regocijo y de la alegría que deja el deber cumplido, como dominicano y como artista. 

Muchas gracias.

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